| Cuando hay que atender diecisiete exigencias
Pablo
Gómez (pgomez@rbi.es)
Diecisiete criterios para una misma cosa. O si no diecisiete, por lo menos la mitad. Esta es la realidad con la que se encuentran, cada día, muchos empresarios en nuestro país. Realmente no es una situación nueva, sin embargo, con los “tiempos de bonanza” que corren desde hace 22 meses, cualquier ayuda es poca, eso seguro. Y en este caso, esta ayuda, es otra cosa, es gráficamente una mano al cuello de aquellas pequeñas, medianas y grandes empresas que operan en más de una comunidad autónoma a la vez, que no son pocas. Diecisiete criterios, o casi, para resolver una misma situación, pero como cada uno es soberano en su cortijo… Cada vez que hay que hacer una transposición de alguna ley europea o estatal, las interpretaciones son tan variadas que la casuística se multiplica con el único freno de la paciencia o el hartazgo de quien se enfrenta a ello.
Aplicado a nuestro sector que, al fin y al cabo es lo que nos afecta en el día a día y el que más nos preocupa, nos lleva a la conclusión de que un instalador, un distribuidor, un fabricante, un prescriptor, debe adaptar su estrategia o sus decisiones a la comunidad autónoma donde está trabajando en cada momento. Cuál es el resultado más evidente de todo esto: una pérdida total de competitividad. No se puede poner un proyecto homogéneo y unitario de futuro si antes no se han estudiado todas las posibilidades de sacarlo adelante en cada área geográfica. Quizás, los segmentos del mercado a los que más pueda afectar esta Torre de Babel son el conformado por arquitectos, ingenieros, etc., prescriptores de los proyectos a realizar y a los que los ponen en práctica aplicando el valor añadido de su trabajo, los instaladores.
El año 2010 comienza con una media sonrisa
Alberto
Adeva (aadeva@rbi.es)
Lo peor de la crisis parece haber pasado. Todas las grandes economías apuntan al crecimiento, aunque España genere más dudas. La confianza en el sistema financiero se ha recobrado, los ratios de morosidad se han estabilizado y el crédito, aunque de un modo débil, se ha reactivado. La confianza de los empresarios ha aumentado levemente. Son tiempos para poner una media sonrisa. Lo cierto es que, superado el nefasto 2009, la mayoría de empresas espera un mejor comportamiento del año que acaba de comenzar. Los deberes ya están hechos, es la opinión mayoritaria. Y si se han puesto los cimientos de la recuperación, la pregunta del millón es: ¿Cuándo va a llegar, por fin, el crecimiento? No es fácil de explicar, pero lo cierto es que para entender las claves de la economía española hay que fijarse en los factores que propiciaron su crecimiento en los últimos años. Y ahí la construcción resultó fundamental. Hablamos, además, de una economía vulnerable, sin un gran peso industrial, en la que la bonanza económica responde a otras variables. Una de ellas es el consumo, que seguro que tiene que tirar de la demanda este año y que para nuestro sector debe ser una tabla de salvación. Si se hacen muchas menos viviendas, al menos que se rehabiliten las que lo necesitan y se apueste por productos de mayor valor añadido.
En el último número de nuestra revista ofrecimos una encuesta dirigida a la distribución para opinar sobre la situación del sector. La inmensa mayoría de ellos confiaba en el aumento del consumo privado y las nuevas normativas, como CTE y RITE, como tablas de salvación en 2010. Lo cierto es que hay margen para la mejora. La penetración de productos altamente eficientes, como es el caso de las calderas de condensación, todavía es escaso en comparación a países de nuestro entorno. También queda un parque de viviendas importante sin climatizar y es necesaria la renovación de los equipos más obsoletos en beneficio de la eficiencia energética.
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